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El español del día a día: tiendas, bares y vecinos

El español del día a día: tiendas, bares y vecinos

Llevas un año en España y tu español, sobre el papel, funciona. Luego bajas al bar de la esquina, el camarero suelta ¿Qué te pongo? y te quedas en blanco, porque el manual te preparó para ¿Qué desea tomar el señor? Esta es la capa del idioma para la que nadie programa una clase: el español de la barra, de la cola y del ascensor. No es argot, es el registro normal en el que se habla a tu alrededor todo el día.

En el bar

Se pide con una pregunta construida sobre poner, no sobre querer.

Nadie está siendo brusco: ponme es un imperativo y aquí es la forma neutra de pedir. Una caña es un vaso pequeño de cerveza de barril y el pedido por defecto en toda España; en buena parte del centro, un vaso más grande es un doble, y un tercio es la botella de 33 cl. Una clara es cerveza con refresco de limón o con gaseosa, así que conviene decir cuál. Para el café, un solo, un cortado o un café con leche cubren casi todo.

La tapa no funciona igual en todas las ciudades. En Granada, León o Almería llega con la bebida sin coste añadido; en Madrid o Barcelona normalmente se pide y se paga. Si tienes duda, pregunta: ¿La tapa va con la bebida?

Se paga al final, y casi siempre toda la mesa junta.

El menú del día es la oferta de comida entre semana: primero, segundo, pan, bebida y postre o café por un precio cerrado. El camarero preguntará ¿De primero? y ¿De segundo?, es decir, qué quieres de cada plato.

La cola que no se ve

En las tiendas pequeñas, en el mostrador de la pescadería o en la farmacia nadie se pone en fila. La cola existe en la memoria de los presentes, así que al entrar se pregunta en voz alta.

Alguien contesta yo, y esa es la única persona a la que tienes que seguir la pista. Tú responderás igual cuando llegue el siguiente. Después:

En el mercado

En la frutería conviene decir para cuándo lo quieres: el vendedor elige la pieza en función de eso, más madura o más verde.

El portal, el ascensor y los vecinos

Saludar no es opcional: al entrar en una tienda pequeña y al salir, aunque no hayas comprado nada, y también en el ascensor. El silencio no se lee como discreción, se lee como antipatía.

El portal es la puerta de la calle y el vestíbulo que hay detrás; el telefonillo es el interfono. Las plantas empiezan en bajo, así que el primero está un tramo de escaleras más arriba, y los pisos se nombran primero A o segundo izquierda. Tu edificio es una comunidad de vecinos: se reúne en junta, un administrador de fincas lleva los papeles y una obra grande se paga con una derrama, un pago extraordinario que se aprueba una sola vez.

Por qué suena tan seco

Traducidas palabra por palabra a tu idioma, casi todas las frases anteriores suenan bruscas. No lo son.

El imperativo es neutro. Dame, ponme, dime son la manera corriente de pedir en una barra. La cortesía está en la forma interrogativa y en el tono, no en acumular condicionales. ¿Me pones un café? es perfectamente educado; ¿Sería usted tan amable de ponerme un café? suena a broma o a queja.

El por favor se dosifica. Existe, pero no va pegado a cada frase: repetido, suena a súplica. Un gracias al final cierra el intercambio entero.

El volumen no es agresividad. Aquí se habla encima del otro para mostrar interés, no para interrumpir. Si esperas una pausa limpia, puedes esperar mucho rato.

El es lo normal con casi todo el mundo; el usted queda para desconocidos bastante mayores y para ventanillas oficiales, y con un camarero de tu edad levanta un muro. Y cuando llamas la atención de alguien con perdona o con oiga, la respuesta suele ser dime: es una invitación a hablar, no impaciencia.

Las palabras que te dan tiempo

Se llaman muletillas y no son un defecto: te compran el medio segundo que necesitas para montar la frase siguiente.

Qué significa de verdad -ito

El diminutivo casi nunca habla de tamaño.

En Andalucía y en buena parte del sur, -illo hace el mismo trabajo: un ratillo, chiquillo. También sirve para rebajar: llamar trabajito al trabajo de alguien no es un elogio. Lo decide el tono.

Cómo cogerlo más rápido

Ve al mismo bar tres veces, escucha lo que pide la persona de delante y pide igual. Copia frases enteras en lugar de fabricarlas con gramática, y pregunta cuando algo se te escape.

Nadie se molesta: al otro lado de la barra llevan años atendiendo a extranjeros.

Preguntas frecuentes

¿Qué es exactamente una caña?

Un vaso pequeño de cerveza de barril y el pedido por defecto en cualquier bar de España. En buena parte del centro, un vaso más grande es un doble, y un tercio es la botella de 33 cl. Se pide en forma de pregunta: ¿Me pones una caña?

¿Por qué suena brusco el español si nadie está siendo maleducado?

Porque se pide con imperativo y el por favor no va pegado a cada frase. Ponme un café es un pedido normal y educado: la cortesía está en la pregunta y en el tono, no en añadir fórmulas. Hablar alto o encima del otro indica interés, no enfado.

¿Cómo se pregunta por el turno en una tienda?

Al entrar se pregunta en voz alta: ¿Quién es el último? En Madrid y en el norte también se oye ¿Quién da la vez? Quien conteste yo es tu referencia, y tú respondes igual cuando entre el siguiente cliente. No hay fila física ni número.

¿Qué quiere decir el diminutivo -ito?

Casi nunca el tamaño. Un momentito dura lo mismo que un momento, solo que suena más amable, y un poquito caro suaviza una crítica. En Andalucía y en el sur, -illo cumple la misma función. También puede rebajar: llamar trabajito al trabajo de alguien no es un elogio.

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