Aprender varios idiomas a la vez: guía práctica
Marta tiene 28 años y trabaja en una consultora de Madrid. Estudió inglés durante toda la secundaria y el bachillerato, como casi todo el mundo en España. En la universidad se apuntó a francés porque su carrera de Relaciones Internacionales lo exigía. Cuando consiguió una beca Erasmus en Berlín, decidió lanzarse también con el alemán. Hoy, cinco años después, habla inglés con soltura en reuniones de trabajo, lee novelas en francés y mantiene conversaciones básicas en alemán cuando visita a los amigos que hizo en Alemania. No es una superdotada lingüística. No tiene un don especial. Lo que tiene es un sistema.
"Al principio fue un desastre", me contó durante un café en Gran Vía. "Mezclaba el francés con el alemán constantemente. Decía 'merci' a los dependientes de Berlín y 'danke' a mis compañeros de piso franceses. Hubo semanas en las que quise dejarlo todo y volver solo al inglés. Pero encontré la manera de organizarme, y a partir de ahí todo cambió."
La experiencia de Marta no es excepcional. Miles de españoles se enfrentan cada año a la misma situación. En un país donde el inglés sigue siendo la asignatura pendiente para muchos adultos, cada vez más personas deciden no conformarse con un solo idioma extranjero. Las razones son variadas. El mercado laboral pide perfiles multilingües. Los programas Erasmus y las estancias en el extranjero despiertan el interés por otras lenguas. Y en comunidades autónomas como Cataluña, el País Vasco o Galicia, muchos ciudadanos ya crecen gestionando dos lenguas desde la infancia, lo que les da una ventaja natural a la hora de añadir una tercera o una cuarta.
Esta guía explora a fondo cómo aprender varios idiomas a la vez. Qué dice la ciencia. Qué combinaciones funcionan mejor. Cómo organizar tu tiempo sin volverte loco. Y, sobre todo, cómo evitar esa mezcla constante que convierte tus frases en un batido multilingüe incomprensible.
¿Se pueden aprender dos idiomas a la vez de verdad?
La pregunta parece sencilla, pero la respuesta tiene matices. Empecemos por los datos.
Más de la mitad de la población mundial habla dos o más idiomas. En Europa, el multilingüismo es la norma, no la excepción. En países como Luxemburgo, los Países Bajos o Suecia, hablar tres idiomas es algo completamente corriente.
España, sin embargo, arrastra un problema histórico con los idiomas. Durante décadas, la enseñanza del inglés en los colegios fue deficiente. Generaciones enteras salieron del instituto con un nivel que apenas les permitía pedir una cerveza en Londres. Las cosas han mejorado considerablemente en los últimos años, con la proliferación de colegios bilingües, las Escuelas Oficiales de Idiomas (EOI) y una mayor exposición a contenidos en inglés a través de internet y las plataformas de streaming. Pero el punto de partida sigue siendo más bajo que en muchos países del norte de Europa.
¿Significa esto que los españoles no pueden aprender varios idiomas? En absoluto. De hecho, España tiene una ventaja que a menudo se pasa por alto. Millones de ciudadanos ya son bilingües de nacimiento. En Cataluña, un niño crece hablando catalán y castellano. En el País Vasco, euskera y castellano. En Galicia, gallego y castellano. En Valencia, valenciano y castellano. Estas personas llevan toda la vida alternando entre dos sistemas lingüísticos, lo que significa que su cerebro ya está entrenado para gestionar más de un idioma. Añadir un tercero o un cuarto es, para ellos, un paso natural.
Un estudio publicado en 2019 en la revista Bilingualism: Language and Cognition demostró que los adultos que estudiaban dos idiomas de forma simultánea experimentaban lo que los investigadores llaman facilitación interlingüística. Aprender un idioma ayudaba a aprender el otro, especialmente cuando pertenecían a familias lingüísticas diferentes. El cerebro creaba categorías mentales separadas para cada lengua y utilizaba el contraste entre ambas para reforzar la memoria.
Pero los mismos investigadores también señalaron un problema. Cuando los dos idiomas eran muy parecidos, como el español y el italiano o el español y el portugués, la interferencia aumentaba de forma notable. Los participantes confundían vocabulario, mezclaban reglas gramaticales y producían frases híbridas que no pertenecían a ninguna de las dos lenguas.
La conclusión es clara. Aprender varios idiomas a la vez no solo es posible, sino que puede resultar beneficioso. Pero requiere estrategia. No vale con lanzarse a estudiar tres idiomas al mismo tiempo sin un plan. Hay que ser inteligente con las combinaciones, con los horarios y con las expectativas.
La ciencia detrás del aprendizaje multilingüe
Para entender por qué funciona (o por qué falla) el aprendizaje simultáneo de idiomas, conviene mirar qué ocurre dentro del cerebro.
Cuando aprendes un idioma nuevo, tu cerebro no crea un compartimento estanco separado del resto. Las lenguas que conoces comparten redes neuronales. Hay zonas del cerebro, como el área de Broca y el área de Wernicke, que se activan con cualquier idioma que proceses. Lo que el cerebro sí hace es crear patrones de activación distintos para cada lengua, algo así como caminos diferentes dentro del mismo bosque.
La investigadora Ellen Bialystok, de la Universidad de York en Toronto, ha dedicado décadas a estudiar el cerebro bilingüe y multilingüe. Su trabajo demuestra que las personas que hablan varios idiomas rinden mejor en tareas de función ejecutiva. Esto incluye la capacidad de mantener la atención, ignorar distracciones y alternar entre tareas diferentes. La razón es directa. Cada vez que hablas en un idioma, tu cerebro tiene que suprimir activamente los demás. Este ejercicio constante de control fortalece las conexiones neuronales responsables de la gestión cognitiva.
Otro hallazgo relevante viene de un estudio publicado en la revista Neurology en 2013. Los investigadores descubrieron que las personas bilingües desarrollaban síntomas de demencia, de media, cuatro años y medio más tarde que las monolingües. Aunque el estudio se centró en bilingües de toda la vida, investigaciones posteriores sugieren que incluso los adultos que aprenden un segundo idioma en la madurez obtienen cierto efecto protector.
¿Y qué pasa cuando no son dos, sino tres o más idiomas? Un metaanálisis de 2020 publicado en Psychonomic Bulletin and Review encontró que los multilingües (personas que hablan tres o más lenguas) mostraban una reserva cognitiva aún mayor que los bilingües. Dicho de otra manera, cuantos más idiomas gestiona tu cerebro, más fuerte se vuelve.
También hay beneficios en la memoria de trabajo. Un estudio de 2014 en el Journal of Experimental Psychology mostró que los adultos bilingües tenían mayor capacidad de memoria operativa que los monolingües, incluso en tareas que nada tenían que ver con el lenguaje. Gestionar múltiples conjuntos de vocabulario, diferentes reglas gramaticales y sistemas fonológicos distintos funciona como un entrenamiento mental intensivo.
Para los españoles que ya manejan una lengua cooficial además del castellano, estos beneficios cognitivos ya están en marcha. Un estudiante catalanohablante que añade inglés y francés está construyendo sobre una base neuronal que lleva años fortaleciéndose.
Cómo elegir qué idiomas aprender juntos
No todas las combinaciones son iguales. Elegir bien los idiomas que vas a estudiar de forma simultánea puede marcar la diferencia entre el progreso y la frustración.
En España, la combinación más habitual es inglés más francés. Tiene sentido histórico y geográfico. Francia es nuestro vecino del norte, y durante décadas el francés fue el primer idioma extranjero en los colegios españoles antes de ser desplazado por el inglés. Muchas EOI siguen ofreciendo francés como segunda lengua más popular después del inglés. Además, para un hispanohablante, el francés resulta relativamente accesible porque ambas son lenguas romances y comparten una cantidad considerable de vocabulario.
La combinación inglés más alemán también ha ganado terreno en los últimos años, impulsada por las oportunidades laborales en Alemania, Austria y Suiza. El alemán es más difícil para un hispanohablante que el francés, con su sistema de casos, sus tres géneros gramaticales y su orden de palabras diferente. Pero precisamente esa distancia puede ser una ventaja a la hora de aprenderlo junto al inglés. Los dos idiomas son lo bastante diferentes como para que el cerebro no los confunda fácilmente.
Otras combinaciones populares incluyen inglés más italiano (muy atractiva para amantes de la cultura, pero con riesgo de interferencia entre italiano y español), inglés más portugués (útil para negocios con Brasil, pero el parecido entre español y portugués puede crear problemas) e inglés más chino mandarín (una apuesta fuerte para quienes miran al mercado asiático, con la ventaja de que el mandarín es tan diferente del español que la mezcla es prácticamente imposible).
La regla general que recomiendan los lingüistas es esta. Si eres principiante en ambos idiomas, elige lenguas de familias diferentes. Si ya tienes un nivel intermedio en uno, puedes permitirte añadir una lengua más parecida. Un español que ya tiene un B2 en inglés puede empezar con alemán o francés sin problemas. Pero un español que intenta aprender italiano y portugués desde cero al mismo tiempo se expone a un caos considerable.
Una consideración específica para hablantes de lenguas cooficiales. Si ya hablas catalán y castellano, el francés te resultará especialmente fácil porque el catalán comparte muchas estructuras con el francés. Si hablas euskera y castellano, cualquier idioma que añadas será lingüísticamente distinto del euskera, lo que reduce el riesgo de interferencia.
Estrategias de horario para aprender varios idiomas
El tiempo es el recurso más escaso para cualquier estudiante de idiomas. Cuando intentas aprender dos o tres, la gestión del tiempo se convierte en un factor decisivo.
El error más común es intentar dedicar el mismo tiempo a cada idioma. Esto casi nunca funciona. En su lugar, los expertos recomiendan un sistema de prioridades.
El enfoque 70/30 es un punto de partida sólido. Dedica aproximadamente el 70% de tu tiempo de estudio al idioma principal (el que más necesitas o en el que tienes menor nivel) y el 30% al secundario. Si estudias tres idiomas, prueba con un reparto 60/25/15. Esto asegura que tu idioma prioritario recibe la atención suficiente para avanzar de verdad, mientras los otros se mantienen activos.
En España, esto se traduce a menudo en priorizar el inglés. Para la mayoría de los españoles, el inglés sigue siendo la llave que abre más puertas profesionales. Si tu inglés está en un B1 y quieres añadir francés, tiene sentido dedicar la mayor parte del esfuerzo al inglés hasta alcanzar un B2 sólido, mientras mantienes el francés con sesiones más cortas.
¿Todos los días o días alternos? Hay dos escuelas. Algunos aprendices prefieren estudiar ambos idiomas cada día pero a horas diferentes. Inglés por la mañana, francés por la noche. Otros prefieren alternar. Inglés los lunes, miércoles y viernes. Francés los martes, jueves y sábados. Domingo de descanso.
Ambos métodos funcionan, pero para contextos diferentes. El enfoque diario proporciona más exposición, lo que es importante cuando estás empezando. El enfoque alterno permite sesiones más largas y profundas, lo que funciona mejor en niveles intermedios y avanzados.
Un horario semanal que funciona bien para muchos españoles que trabajan a jornada completa podría ser así. De lunes a viernes, 30 minutos de inglés por la mañana (durante el trayecto al trabajo, con un podcast o una aplicación) más 20 minutos de francés por la noche (con tarjetas de vocabulario o una serie en francés). Los sábados, una clase más larga de una hora del idioma que más necesite refuerzo. Domingo libre.
Las Escuelas Oficiales de Idiomas ofrecen una estructura que puede ayudar enormemente. Muchas EOI permiten matricularse en dos idiomas a la vez, con clases en horarios compatibles. Una clase de inglés los martes y jueves de 17:00 a 19:00 y una clase de francés los lunes y miércoles de 19:00 a 21:00 es una combinación perfectamente factible. El coste es mínimo comparado con las academias privadas, y la calidad de la enseñanza es generalmente alta.
La investigación respalda las sesiones cortas pero frecuentes. Veinte minutos de estudio concentrado cada día producen mejores resultados que dos horas el sábado. Para cada idioma, intenta mantener un mínimo de 15 a 20 minutos de contacto diario, aunque ese contacto sea pasivo, como escuchar música o leer titulares de prensa.
Cómo evitar mezclar los idiomas
Es el mayor miedo de cualquier persona que estudia varios idiomas. Estás hablando en francés y de repente te sale una palabra en inglés. Escribes un correo en alemán y metes una expresión en español. El término técnico es interferencia interlingüística, y es un fenómeno real. Pero también es manejable.
¿Por qué ocurre? Tu cerebro almacena los idiomas en redes neuronales que se solapan parcialmente. Cuando buscas una palabra en francés, el cerebro no limita la búsqueda al "cajón" del francés. Escanea todo lo que tiene disponible, y a veces una palabra en inglés o en español aparece antes que la francesa. Esto sucede con más frecuencia cuando estás cansado, estresado o cuando los idiomas comparten vocabulario similar.
La buena noticia es que la mezcla tiende a disminuir con el tiempo. Cuanto más sólido es tu nivel en cada idioma, más fuertes son las vías neuronales específicas de esa lengua, y menos probable es que tu cerebro se equivoque de camino.
Mientras tanto, hay estrategias concretas que funcionan.
Separa por tiempo. Estudia cada idioma a una hora diferente del día. Si estudias inglés por la mañana y francés por la noche, tu cerebro crea asociaciones temporales que ayudan a mantener los idiomas separados. Lo peor que puedes hacer es estudiar dos idiomas uno detrás de otro sin descanso.
Separa por espacio. Si puedes, estudia cada idioma en un lugar diferente. Inglés en tu escritorio de casa, francés en la biblioteca del barrio, alemán en la cafetería de la esquina. Suena raro, pero la investigación sobre memoria dependiente del contexto demuestra que el cerebro asocia la información con el entorno donde fue aprendida.
Separa por actividad. Usa métodos diferentes para cada idioma. Si aprendes inglés principalmente con series de televisión, usa la lectura como tu método principal para el francés. Si practicas alemán con un intercambio de conversación, trabaja el italiano con podcasts.
Usa anclas lingüísticas. Antes de cada sesión de estudio, pasa un minuto haciendo algo que señale a tu cerebro qué idioma toca. Puede ser escuchar una canción en ese idioma, leer un párrafo de un libro o simplemente visualizar un lugar donde se habla esa lengua. Para el francés, imagínate paseando por los Campos Elíseos. Para el alemán, piensa en la Puerta de Brandemburgo. Este pequeño ritual de activación prepara al cerebro para el idioma correcto.
No traduzcas entre tus idiomas de estudio. Traduce siempre hacia y desde el español (o tu lengua materna). Si empiezas a traducir directamente entre francés y alemán, creas puentes que facilitan la mezcla posterior.
Un truco que funciona especialmente bien en España. Aprovecha la televisión y el cine en versión original. Pon la tele en inglés con subtítulos en inglés para mejorar comprensión auditiva. Cambia a una película francesa con subtítulos en francés para tu sesión de noche. Tu cerebro asociará cada idioma con un tipo de contenido diferente, y la separación se hará de forma natural.
Las mejores combinaciones de idiomas para principiantes
Si estás empezando desde cero con la idea de aprender dos idiomas, la elección de la combinación es crucial. Aquí van las opciones más recomendables para hispanohablantes.
Inglés más francés. La combinación clásica en España por buenas razones. El inglés es germánico y el francés es romance, así que son lo bastante diferentes para no confundirlos. Al mismo tiempo, el francés comparte mucho vocabulario con el español, lo que facilita el aprendizaje. Y el inglés, pese a su fonética complicada, tiene una gramática relativamente sencilla en comparación con otras lenguas. Es la combinación que ofrecen la mayoría de las EOI y la que tiene más recursos disponibles.
Inglés más alemán. Más exigente que la anterior, pero muy rentable a nivel profesional. El alemán requiere más esfuerzo por su sistema de declinaciones y su estructura gramatical, pero es una lengua enormemente lógica una vez que entiendes las reglas. La ventaja es que inglés y alemán son ambas germánicas, así que encontrarás palabras parecidas (water/Wasser, house/Haus, finger/Finger) que te ayudarán a recordar vocabulario. Al mismo tiempo, son lo suficientemente diferentes en gramática y pronunciación como para que la mezcla sea rara.
Inglés más italiano. Atractiva para amantes de la cultura y la gastronomía, pero hay que tener cuidado. El italiano y el español son tan parecidos que un principiante los mezclará inevitablemente. La recomendación es alcanzar al menos un B1 en inglés antes de añadir italiano, y ser muy disciplinado con la separación entre italiano y español.
Inglés más portugués. Útil para quienes tienen intereses en Brasil o Portugal. El mismo aviso que con el italiano. El portugués y el español comparten aproximadamente un 89% de similitud léxica, lo que significa que la interferencia será constante al principio.
Inglés más chino mandarín. La combinación más ambiciosa, pero también la que menos riesgo de mezcla tiene. El mandarín es tan diferente del inglés y del español en todos los aspectos (escritura, fonética, gramática, estructura) que tu cerebro no tendrá ningún problema para mantenerlo separado. Eso sí, el esfuerzo requerido es considerable. El Instituto Cervantes estima que un hispanohablante necesita unas 2.200 horas de estudio para alcanzar un nivel avanzado en mandarín, frente a unas 600 horas para el francés.
Francés más alemán. Para quienes ya tienen un nivel decente de inglés y quieren ampliar horizontes. Es una combinación excelente porque las dos lenguas son muy diferentes entre sí (romance frente a germánica) y ambas son enormemente útiles en el contexto europeo. Muchos programas Erasmus ofrecen destinos en Francia y Alemania, lo que permite practicar ambos idiomas con estancias en el extranjero.
Herramientas y aplicaciones para gestionar varios idiomas
La tecnología moderna ofrece recursos que hace veinte años eran impensables. Pero también puede convertirse en una trampa si no se usa con criterio.
Las aplicaciones de repetición espaciada son probablemente la herramienta más útil para un aprendiz multilingüe. Anki es la más conocida y permite crear mazos de tarjetas separados para cada idioma, con un algoritmo que te muestra cada palabra justo antes de que la olvides. La versión de escritorio es gratuita, y la aplicación para Android también. Para iPhone hay que pagar, pero la inversión merece la pena.
Duolingo es la aplicación más popular del mundo para aprender idiomas, y funciona razonablemente bien como complemento, especialmente para niveles iniciales. La clave es no convertirla en tu única herramienta. Duolingo gamifica el aprendizaje, lo que es motivador al principio pero puede volverse contraproducente cuando gestionas varios idiomas. La presión de mantener rachas en dos o tres idiomas simultáneamente convierte el estudio en una obligación en lugar de un placer.
Las plataformas de intercambio de idiomas como Tándem o HelloTalk conectan a hablantes nativos que quieren practicar mutuamente sus idiomas. Un español que estudia francés puede hablar con un francés que estudia español. Estas plataformas son especialmente valiosas porque proporcionan práctica real de conversación, que es la habilidad más difícil de desarrollar por cuenta propia.
Los podcasts específicos para aprendices de idiomas ofrecen exposición pasiva que ayuda a mantener el contacto con un idioma incluso en los días en que no tienes tiempo para estudio activo. Coffee Break Spanish (para inglés), InnerFrench (para francés) o Slow German (para alemán) son opciones excelentes. Puedes escucharlos durante el trayecto al trabajo, mientras haces la compra o mientras cocinas.
Las plataformas de tutores en línea como italki o Preply permiten contratar clases particulares con hablantes nativos a precios muy competitivos. Una clase semanal de conversación en cada idioma crea un compromiso regular que te obliga a mantener el estudio activo. Además, tener un tutor humano permite trabajar aspectos que las aplicaciones no cubren, como la pronunciación matizada, las expresiones coloquiales o los registros formales e informales.
Un aviso sobre los traductores automáticos. Google Translate y DeepL son herramientas fantásticas para consultas puntuales, pero usarlos como muleta frena el aprendizaje real. Si cada vez que no sabes una palabra recurres al traductor en lugar de intentar deducirla por contexto o buscarla en un diccionario monolingüe, nunca construirás las conexiones internas que necesita tu cerebro para procesar el idioma de forma natural.
Las Escuelas Oficiales de Idiomas merecen una mención especial en el contexto español. Las EOI ofrecen enseñanza de calidad a precios públicos en prácticamente todas las capitales de provincia. Los cursos están estructurados según el Marco Común Europeo de Referencia (A1 a C2), lo que facilita el seguimiento del progreso. Muchas EOI ofrecen también cursos intensivos de verano que permiten avanzar rápidamente en uno de los idiomas mientras mantienes el otro con estudio independiente.
Cuándo aprender dos idiomas ayuda y cuándo perjudica
No todas las situaciones son iguales. Hay contextos en los que estudiar dos idiomas simultáneamente es claramente beneficioso, y otros en los que puede ser contraproducente.
Aprender dos idiomas ayuda cuando ya tienes experiencia previa con idiomas. Si tu inglés está en un B2 y decides añadir francés, tu cerebro ya sabe "cómo aprender" un idioma. Has desarrollado estrategias, conoces tu estilo de aprendizaje y tienes la confianza que da haber superado la fase inicial en una lengua anterior. Un estudio de la Universidad de Haifa demostró que los adultos que alcanzaban un B1 en su primer idioma extranjero antes de empezar un segundo mostraban significativamente menos interferencia y progresaban más rápido.
También ayuda cuando las motivaciones son claras y diferentes. Si necesitas inglés para el trabajo y estudias francés por placer personal, los contextos de uso son tan distintos que el cerebro los mantiene separados con facilidad.
Y resulta especialmente beneficioso cuando los idiomas pertenecen a familias diferentes, como ya hemos visto. La diversidad lingüística obliga al cerebro a crear categorías mentales más diferenciadas, lo que refuerza ambos idiomas.
Aprender dos idiomas perjudica cuando no tienes base en ninguno. Empezar italiano y portugués desde cero al mismo tiempo, siendo hispanohablante, es una receta para la confusión total. Las tres lenguas son tan parecidas que tu cerebro las mezclará constantemente.
También perjudica cuando tu tiempo es muy limitado. Si solo dispones de 20 minutos al día para estudiar idiomas, es mejor invertirlos en uno solo. Repartir esos 20 minutos entre dos idiomas dará resultados tan lentos que la frustración te llevará a abandonar ambos.
Y puede ser contraproducente cuando estás pasando por un periodo de estrés elevado. El aprendizaje de idiomas requiere recursos cognitivos significativos. Si tu cerebro ya está al límite por el trabajo, los estudios o problemas personales, añadir la carga de un segundo idioma es pedir demasiado.
La regla práctica es sencilla. Si estás progresando en ambos idiomas y disfrutas del proceso, adelante. Si sientes que uno o ambos se estancan y el estudio se ha convertido en una obligación, da un paso atrás. Reduce a un solo idioma durante unas semanas y vuelve a añadir el segundo cuando te sientas preparado.
Cómo organizan los políglotas su rutina de estudio
Los políglotas, esas personas que hablan cuatro, cinco, seis o más idiomas, no tienen un cerebro diferente al tuyo. Lo que tienen es disciplina y un sistema bien organizado. Sus rutinas ofrecen lecciones valiosas para cualquiera que quiera gestionar varios idiomas.
Luca Lampariello, un políglota italiano que habla más de una docena de idiomas, utiliza lo que él llama el método de la inmersión controlada. En lugar de estudiar gramática de forma aislada, se sumerge en cada idioma a través de contenidos que le interesan de verdad. Lee noticias en ruso, ve documentales en alemán, escucha podcasts de humor en portugués brasileño. Cada idioma está asociado a un tipo de contenido y a un momento del día.
Kató Lomb, una intérprete húngara que hablaba 16 idiomas, basaba su método en la lectura intensiva. Conseguía una novela en el idioma que quería aprender y empezaba a leerla con un diccionario al lado, construyendo vocabulario a través del contexto. Su filosofía era que el contacto diario, aunque fuera breve, importaba más que las sesiones largas esporádicas. "Diez minutos cada día valen más que una hora los domingos", solía decir.
Steve Kaufmann, un políglota canadiense que habla 20 idiomas, pone el énfasis en la exposición masiva. Escuchar y leer cientos de horas en el idioma objetivo antes de preocuparse por hablar. Su enfoque para gestionar varios idiomas es centrarse intensamente en uno mientras mantiene los demás con exposición pasiva.
El patrón que comparten todos los políglotas es notable. Ninguno de ellos intenta avanzar en todos sus idiomas al mismo ritmo. Siempre hay un idioma principal que recibe la mayor parte de la atención, mientras los demás se mantienen en modo de mantenimiento. Cuando el idioma principal alcanza un nivel satisfactorio, rotan y otro pasa a ser el prioritario.
Para un español que gestiona inglés y francés, esto podría significar tres meses de enfoque intensivo en inglés (clases, series, lectura, conversación) con solo 15 minutos diarios de francés (tarjetas de vocabulario, un podcast). Luego, tres meses invirtiendo las prioridades. Y así sucesivamente.
Otro rasgo común entre los políglotas es que integran los idiomas en su vida cotidiana en lugar de tratarlos como una asignatura. Cambian el idioma del móvil al francés. Siguen cuentas de Instagram en alemán. Cocinan siguiendo recetas en italiano. Ven las noticias del tiempo en la BBC. Estos pequeños gestos suman horas de exposición sin requerir tiempo adicional.
Los políglotas también son realistas sobre las mesetas. Todos han pasado por semanas o meses en los que un idioma parecía estancado. Lo que diferencia a un políglota de alguien que abandona es la respuesta ante esa meseta. El políglota sigue adelante, confiando en que el progreso se reanudará. El que abandona interpreta la meseta como una señal de que no tiene talento.
Establecer metas realistas para el aprendizaje multilingüe
Uno de los errores más frecuentes entre quienes empiezan a estudiar varios idiomas es fijarse objetivos poco realistas. "Quiero hablar inglés y francés con fluidez en un año." "Quiero sacarme el B2 en alemán y el B1 en italiano antes de verano." Estas metas, aunque comprensibles, suelen llevar a la frustración.
¿Cuánto tiempo se necesita realmente? El Marco Común Europeo de Referencia, que es el estándar utilizado en las EOI y en la mayoría de las academias de España, divide el aprendizaje en seis niveles. Del A1 (principiante absoluto) al C2 (dominio prácticamente nativo). Según estimaciones del Instituto Cervantes y de instituciones similares, un hispanohablante necesita aproximadamente entre 150 y 200 horas de estudio guiado para alcanzar un A2 en francés, unas 400 para el B1 y entre 600 y 700 para el B2. Para el inglés, las cifras son ligeramente superiores. Para el alemán, hay que añadir entre un 20% y un 30% más.
Si estudias una hora al día, cinco días a la semana, estás invirtiendo unas 260 horas al año en cada idioma. Eso significa que puedes esperar pasar de cero a un B1 sólido en francés en poco más de un año y medio, siempre que el estudio sea constante y efectivo. Si repartes esas horas entre dos idiomas, el progreso en cada uno será proporcionalmente más lento.
Las metas realistas para un aprendiz multilingüe deberían formularse así. En lugar de "quiero hablar francés con fluidez", intenta "quiero poder mantener una conversación básica en francés sobre temas cotidianos dentro de seis meses". En lugar de "quiero dominar el alemán", prueba con "quiero entender las ideas principales de un artículo de periódico en alemán dentro de un año".
Un sistema de metas que funciona bien es el de los objetivos trimestrales. Cada tres meses, fija un objetivo concreto y medible para cada idioma. "Este trimestre quiero completar el nivel A2 de francés en la EOI y mantener mi inglés haciendo una clase de conversación semanal." Al final del trimestre, evalúa tu progreso y ajusta las metas para el siguiente periodo.
También es importante aceptar que el progreso no será lineal. Habrá semanas en las que avances a toda velocidad y semanas en las que te parezca que retrocedes. Habrá días en los que cambies entre idiomas con soltura y días en los que no puedas recordar cómo se dice "mesa" en ninguno de los dos. Esto es completamente normal y no significa que estés haciendo algo mal.
Las redes sociales están llenas de personas que afirman hablar diez idiomas con fluidez. La mayoría de estas afirmaciones son exageradas. Incluso cuando son reales, representan años o décadas de trabajo constante. Comparar tus primeros seis meses con el recorrido de toda una vida de otra persona es una receta para el desánimo.
Marta, la consultora madrileña que conocimos al principio, me dijo algo que resume bien esta cuestión. "Dejé de medirme contra los políglotas de YouTube y empecé a medirme contra mi yo de hace tres meses. ¿Entiendo más que entonces? ¿Puedo decir cosas que antes no podía? Si la respuesta es sí, voy por buen camino."
Ese cambio de perspectiva, de la comparación externa a la evaluación interna, es probablemente el consejo más valioso para cualquiera que se embarque en la aventura de aprender varios idiomas. No se trata de ser el mejor. Se trata de ser mejor que ayer. Y con constancia, con un buen sistema y con la paciencia suficiente para atravesar las etapas difíciles, cualquiera puede conseguirlo.